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16 de diciembre de 2010

"NORMA" DE VINCENZO BELLINI EN "LA ÓPERA DOMINICAL"



Este domingo a las 9:00 p.m. por el Canal Clásico de RNV (91.1 fm en el Area Metropolitana de Caracas) tendremos la oportunidad de deleitarnos con la ópera "Norma" de Vincenzo Bellini.

En Norma encontramos escenas grandiosas e instantes que sacuden y conmueven; verdaderos puntos culminantes del arte operístico logrados por un melodista maravilloso. La armonía y el ritmo no eran los aspectos fuertes de Bellini, pero en dinamismo melódico tiene pocos rivales. De todos modos, Norma debe ser cantada por grandes voces de la ópera para lograr todo su efecto. Una voz casi sobrehumana y un genio dramático dominante es lo que esperamos de quien tiene la responsabilidad del papel central.
Tragedia lírica en dos actos (cuatro en la segunda versión).
Libreto de Felice Romani, basado en un drama de Louis Alexandre Soumet.

Personajes: Pollione, procónsul romano en las Galias (tenor); Oroveso, sacerdote supremo de los druidas (bajo); Norma, su hija, sacerdotisa (soprano); Adalgisa, joven sacerdotisa (soprano o mezzosoprano); Clotilde, amiga de Norma (soprano); Flavio, amigo de Pollione (tenor); los Bellini hijos de Norma y Pollione, guerreros, sacerdotisas.

Lugar y época: Las Galias, ocupadas por los romanos en el siglo I a.C.


Primer Acto de la Ópera "Norma" de Vincenzo Bellini

Argumento: La obertura anticipa el estilo de la obra: armonías y ritmos son simples, casi primitivos; pero las melodías tienen vitalidad y belleza. El primer acto (en la primera versión de la obra se trataba del "cuadro primero" del primer acto, dividido en dos partes) se desarrolla en el bosque sagrado de los galos. El pueblo clama al dios Irminsul; le suplica que los libere de los romanos, que ocupan el país. Cuando se disuelve la multitud, se acercan Pollione y Flavio. El procónsul es desde hace años el amante de la sacerdotisa Norma, la cual, cegada por la pasión hacia el romano, ha roto su juramento de virginidad y le ha dado dos hijos. Sin embargo, Pollione confiesa a su amigo que no ha ido allí para ver a Norma, sino a la joven sacerdotisa Adalgisa, de la que se ha enamorado. Los amigos se retiran cuando suena el gong y los galos vuelven a reunirse para rezar. Todos llaman a Norma; en razón de su cargo es quien indicará a los galos el momento exacto del levantamiento contra Roma. Norma se sitúa solemnemente en medio de todos; en una de las arias más grandiosas que conoce la ópera de todos los tiempos, eleva su oración a la «casta diva», la virginal diosa de la luna.

Todavía no ha llegado el momento: así lo anuncia Norma a su pueblo. Pero su majestuoso orgullo se quiebra cuando queda sola, acompañada de unas cuantas sacerdotisas. ¿Cómo podrá resolver la contradicción que vive en ella? El amor a Pollione y el odio contra los romanos son inconciliables. Lentamente entra en el templo. Sólo Adalgisa permanece en escena. También ella está embargada por una profunda desazón. Pollione se le acerca, le propone que lo siga a Roma, donde espera a ambos una hermosa vida. Adalgisa promete huir con él.

El acto segundo (o cuadro segundo del primer acto) transcurre en la casa de Norma, donde la sacerdotisa cuida con su fiel amiga Clotilde de los niños que tuvo con Pollione, sin que nadie supiera nada. Norma tiene un mal presentimiento y teme por la vida del romano. Entonces se acerca Adalgisa y confiesa a su compañera más madura las tormentas que agitan su corazón, el amor que la lleva a abandonar y traicionar el templo y la patria. Norma se estremece, recuerda su propio pasado. Que ningún lazo insoluble ate a Adalgisa a su patria; debe hacer con libertad lo que le exige el amor. Tal es el veredicto de Norma. El dúo de ambas voces femeninas es de conmovedora pasión.

Pollione entra en la casa. Cuando Norma pregunta a Adalgisa por el nombre de su amante, ésta se limita a señalarlo con la mano: «Es él». Por las exclamaciones de horror de Norma, por la confusión de Pollione, la joven sacerdotisa descubre la verdad. A lo lejos, el gong sagrado pide que se tome una decisión. Norma sale con un juramento de venganza.

Al comienzo del tercer acto (cuadro primero del segundo acto en la primera versión), Norma ha llegado a una difícil decisión: quiere matar a los niños y quitarse la vida para no obstaculizar la felicidad de Pollione y Adalgisa. Pero no se anima a entregar a la muerte a estos seres inocentes. Pide a Adalgisa que se haga cargo de los niños en el caso de que ella muera. Sin embargo, Adalgisa no acepta el sacrificio de Norma. En un dúo de ambas voces femeninas, dotado de un gran impulso dramático, Adalgisa promete renunciar a Pollione.

El último cuadro es introducido por coros de guerreros galos, que se preparan para la lucha contra el invasor.

Norma espera febrilmente la respuesta que Adalgisa ha de llevarle de parte de Pollione; ante su espanto descubre por boca de Adalgisa que el procónsul se niega a regresar con ella y quiere sacar por la fuerza a Adalgisa del templo. Enfurecida, Norma hace sonar tres veces el gong: es la señal de la guerra. Los galos toman prisionero a Pollione, que quiere penetrar ocultamente en el templo, y lo llevan ante Norma. La escena entre ambos es una nueva cumbre de la partitura.

Pollione no quiere ceder. Prefiere la muerte. Norma convoca a su pueblo y anuncia que una sacerdotisa ha sido infiel a su juramento. La conciencia le remuerde: ¿cómo puede acusar a una inocente cuando ella misma despreció las leyes del templo? Pollione tiembla por Adalgisa mientras el pueblo exige con exclamaciones salvajes el nombre de la traidora. Entonces Norma se quita lentamente la corona de sacerdotisa de la cabeza: "Soy yo". Sobre el lugar se cierne un silencio de horror. Sin embargo, la traidora debe morir, aunque sea la hija de Oroveso y la suprema sacerdotisa. Norma pide a su padre que se haga cargo de los niños. Sube al montón de leña que ha de encenderse. Entonces comprende Pollione la verdadera grandeza de la mujer a la que quería traicionar. Se libera y busca la muerte a su lado, entre las llamas expiatorias.

Fuente: Un episodio de las guerras entre galos y romanos, elaborado como tragedia por el dramaturgo francés Louis Alexandre Soumet.

Libreto: Muy efectivo en el sentido de las óperas heroicas del siglo XIX. Grandes pasiones, gestos teatrales, final trágico inevitable. Un hálito de auténtica grandeza flota sobre la obra.

Música: Responde exactamente a lo que acabamos de decir sobre el libreto. Muchas cosas, después de siglo y medio, suenan un poco vacías; otras tantas son rutinarias, exageradas o empalagosas. Pero también hay escenas grandiosas e instantes que sacuden y conmueven; verdaderos puntos culminantes del arte operístico logrados por un melodista maravilloso. La armonía y el ritmo no eran los aspectos fuertes de Bellini, pero en dinamismo melódico tiene pocos rivales. De todos modos, Norma debe ser cantada por grandes voces de la ópera para lograr todo su efecto. Una voz casi sobrehumana y un genio dramático dominante es lo que esperamos de quien tiene la responsabilidad del papel central. Norma es la última y más elevada confirmación de una soprano dramática del bel canto. Hay pocas cantantes en nuestro siglo que puedan formar parte de la galería de las Normas inmortales. Por supuesto, al lado de semejante Norma no puede haber una Adalgisa débil o un Pollione mediocre (este nombre se cambia a menudo por el de Sever en los escenarios alemanes).

Historia: Norma, octava de las once óperas de Bellini, se estrenó el 26 de diciembre de 1831 en Milán. Giuditta Pasta fue la primera Norma; Giulia Grisi, más tarde también una gran Norma, la primera Adalgisa.¡Qué épocas aquellas para la gran ópera! ¡Cada año nuevas obras de Rossini, Donizetti, Meyerbeer, Bellini, Spontini! El triunfo de Norma fue embriagador; en pocos años todos los teatros del mundo conocían la obra, incluso Nueva York (1841) y Buenos Aires (1849); en Barcelona se representó el 3 de febrero de 1838, poco más de seis años después de su estreno mundial, en el llamado entonces Liceu de Mont-Sion, que años más tarde sería el Gran Teatro del Liceo. María Malibran, Jenny Lind, Lilli Lehmann, Montserrat Caballé, Joan Sutherland y Maria Callas son algunas de las artistas más famosas que han interpretado el papel principal de Norma.

Diccionario de la Ópera de Kurt Pahlen
FUENTE DEL TEXTO Y DE LAS FOTOS : http://www.hagaselamusica.com/clasica-y-opera/pera/norma-de-vincenzo-bellini/

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